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0649. Suceso – Día de Acción de Gracias, 28 de noviembre 1990, hace cuatro años.

 

649. Suceso ocurrido a Raymond Aguilera el 27 de Noviembre de 1990 a las 10:30 PM.

 

En el día de Acción de Gracias, el 28 de Noviembre de 1990 hace cuatro años, y aproximadamente a la misma hora, me ocurrió otro milagro. En la noche del 27 el día anterior al de Acción de Gracias de 1990, había estado escuchando toda clase de voces algunas del demonio y otras de Dios y había estado discutiendo bastante con Dios acerca mi amiga especial. Yo estaba completamente confundido. Le intentaba explicar al Espíritu Santo que no podía creer nada de lo que se había dicho. Así que me había disgustado con Dios y le dije que no quería escuchar más de Él. Que iba a dejar de escuchar a cualquier voz.

Las voces me decían que mi amiga especial no era buena y otras me decían que era Okey. En esta época en mi vida todo lo imaginable se me había dicho. Así que me disguste con Dios y empecé a discutir con Él tan pronto sentí Su Presencia en mi habitación en esa vigilia de Acción de Gracias. Recuerdo que a eso de las 10:30 esa noche estaba discutiendo con el Espíritu Santo y le repetía que ¡No! A todo lo que Él decía. El Espíritu Santo seguía diciéndome esto y aquello y yo seguía diciéndole ¡No! y ¡ No! y ¡No! Vete. No voy a escuchar a nadie más. Pues creía que era el demonio. Estaba inflexible con respecto a esto. Intenté ligarlo y reprimirlo, todo lo que digan lo intenté. Finalmente el Espíritu Santo se detuvo.

Pensé que cualquier cosa que fuera había parado. Eran ya las 3 de la mañana del día de Acción de Gracias. Así que después de algunas horas de dormir me levanté a las 9:30 de la mañana, tomé una ducha y me estaba alistando para ir al servicio de Acción de Gracias a la Iglesia. No sabía a que ora se suponía que debía empezar. Así que puse mi reloj en el sifón del baño para que no se me olvidara y seguí alistándome. Ya cuando estaba listo me puse en camino a la iglesia y todavía estaba disgustado con Dios. Hacía unos por veinte minutos que había salido cuando me di cuenta que no sabía si iba tarde o temprano para el servicio de la iglesia. Así que al mirar mi reloj me di cuenta que lo había dejado en el baño. Estaba todavía muy disgustado y decidí continuar aún si era temprano,  esperaría en el carro hasta que empezará el servicio.

Para mi sorpresa llegué a la iglesia quince minutos antes de que empezara. Entré y me senté adelante. Durante la adoración vi la imagen de Cristo enfrente, detrás del pastor, pero todavía no me era claro lo que miraba, que era o quién era. Todavía estaba confundido. Recuerdo que le conté a una amiga que estaba sentada a mi lado lo que estaba viendo. Estaba impresionada de lo que yo  veía. El Pastor empezó a dar el sermón. Luego de la adoración y durante el sermón dijo que debíamos darle a Dios gracias por todas las bendiciones recibidas durante este año. Todavía me sentía mal pues no sabía a quien estaba reprimiendo. Así que me arrepentí.

Le dije, “Señor perdóname si te ofendí pero realmente no sabía quién estaba hablando y a quién creerle. Me disculpo Contigo Señor si obré mal.” Uno o dos segundos después de haberme arrepentido noté algo en mi muñeca. Mi reloj apareció en mi muñeca. Esto me sorprendió sobremanera. Me conmocioné. Le conté a mi amiga. Le dije, “El Señor puso mi reloj en mi muñeca. No estaba antes allí”

Ella dijo, “¿Qué?”

Le dije, “El Señor puso mi reloj en mi muñeca pues lo había dejado en casa en el baño y mira ahora lo tengo.”

Ella estaba muy emocionada y yo también. Así luego del servicio le conté al pastor lo que había sucedido y que había estado discutiendo con Dios. Y que el Señor me había mostrado Su poder.

“No” dijo el Pastor, “No creo  que tenga que ver con poder, creo que tiene que ver con tiempo. No creo que tenga que ver con poder,” y dijo nuevamente que tenía que ver con tiempo.

Pero no le creí. Un día después le estaba contando a una hermana en el Señor y ella me dijo lo mismo.

Ella me dijo, “ Si el Señor hubiera querido mostrarte tu poder te hubiera enviado a China. No habría necesitado colocar el reloj en tu muñeca.”

Con esta segunda confirmación empecé a ver que ellos tenían razón. Esa tarde el Señor apareció de nuevo y esa fue la noche que el Señor me dijo que fuera y ungiera el Mt. Diablo, el Domingo 2 de 1990 y de decirle al grupo de solteros del Viernes en la noche que el Señor quería personas para ir a ungir la montaña. Para quitarle la montaña al Demonio.

Toda esto fue sobrecogedor pues ahora cuatro años después el Señor realiza otro milagro CASI AL MISMO TIEMPO moviendo el hueco de la perilla que estaba corrido ¼ de pulgada. Así mi puerta nueva no se arruinaría. Este Señor, Este Dios de nosotros, nunca deja de sorprenderme. Parece que está millas y millas y millas más delante de mí todo el tiempo. Todavía discuto con Él. Todavía lo amo. Todavía me perdona. Un Dios muy misericordioso, sí, ¡misericordioso! Bueno supongo que eso es todo. (Fin)

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