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0378. Ocurrencia – La guerra y un intercesor monja llamada María.

 

378. Suceso ocurrido a Raymond Aguilera el 14 de Octubre de 1993 a las 7:30 PM.

 

Estaba en la iglesia orando cuando tuve la visión de la armada de los Ángeles de Dios y sus intercesores. Ambos estaban en formación alineados lado a lado, por miles. Arriba de una colina podía ver fuerzas demoníacas alineadas por miles, lado a lado y de frente a la línea de Ángeles de Dios e intercesores, tan lejos como el ojo espiritual podía ver. Lo estaba viendo durante la oración en los servicios de la iglesia. Me podía ver a mí mismo, en formación al lado de otros intercesores y Ángeles enfrentados a las fuerzas demoníacas que estaban en la montaña mientras esperábamos ordenes y que empezara la batalla.

Mi lengua de oración estaba muy estable y nada estaba pasando en el plano espiritual excepto que las dos fuerzas espirituales estaban frente a frente, todos estaban esperando. Entonces empezó la acometida y las fuerzas demoníacas fueron a la carga bajando la colina hacia la línea de fuerzas Angelicales. Pude ver las dos fuerzas cuando se juntaban con una fuerza tremenda y poderosa, pero de alguna forma mi lengua de oración permanecía a un ritmo estable. No había gritos de batalla en lenguas, pues aunque esperaba que mi lengua usual de samurai Japonés arrancara (el nombre que algunos a mi alrededor le han puesto a esta lengua de combate espiritual), como ha ocurrido en muchas otras ocasiones, sino que la lengua de oración permanecía estable y en ritmo. De alguna forma, sentí espiritualmente o podía ver el escudo de estos cinco o seis Ángeles ( eran los mismos Ángeles que vi detrás de mí en el suceso #343 cuando Satanás me estaba observando en la arena). Estos Ángeles me rodearon completamente mientras mi lengua de oración permanecía a un ritmo estable. Podía ver en espíritu lo que estaba sucediendo a mi alrededor en la batalla, en esta increíble confrontación de Fuerza contra fuerza. Estos cinco o seis Ángeles con sus escudos levantados estaban allí a mí alrededor protegiéndome desde cualquier ángulo posible y no se movían de sus posiciones. Mientras mis Guardaespaldas Angelicales me rodeaban, yo continuaba orando a un ritmo estable. Esto continuó así por aproximadamente veinte minutos, mientras se escuchaba la música de alabanza en la iglesia.

Entonces, de pronto, vi en espíritu la imagen de una monja orando de arrodillas en la parte de atrás de la iglesia y mi lengua de oración cambió y dije, “María, María,” en Español. Había estado escuchando este nombre en mi lengua de oración en los últimos cuatro o cinco meses, “María, María, María.” Entonces el Señor me reveló que este era el nombre de la monja Católica que había estado orando por mí. Ella era uno de los intercesores a los cuales el Señor le había impuesto el trabajo de orar por mí.

No sé por cuánto tiempo ha estado asignada a orar por mí, pero me imagino que lo ha estado haciendo por meses, meses y meses. Pues he estado pronunciando su nombre por meses también. No sé, si ella sabe que ha estado orando por mí, pero el Señor me dijo que lo estaba haciendo. Solo la vi en el plano espiritual, arrodillada desde atrás y orando sola, mientras yo estaba rodeado por esas cosas demoníacas dándoles la pelea con las Fuerzas Angelicales y siendo protegido por los Guardaespaldas Angelicales. Ver todo lo que estaba sucediendo cada segundo en el plano espiritual me sobrecogió y me produjo una fuerte impresión. Verla a ella orando completamente sola, en la parte de atrás de la iglesia, como yo lo he hecho por muchas horas en mi casa, me dejó pasmado.

Quiero agradecerte personalmente, María, por tomarte el tiempo de orar por mí. Pues a veces que me confundo tanto y me siento tan solo. No sé dónde estás, el nombre de tu iglesia o en qué lugar del mundo te ha puesto el Señor, pero te agradezco desde el fondo de mi corazón. Pues eres uno de los Cristianos más preciosos que el Señor ha puesto a orar por mí y te amo. Si nos llegamos a conocer en este mundo o en el Cielo, espero que lleguemos a ser grandes amigos Celestiales.

Te pido Señor que bendigas a María donde quiera que esté. Pues han habido tantas ocasiones en que he querido que me quites esa carga. A veces me siento tan solo mientras te sigo, Señor Mío. Te agradezco nuevamente por dejarme ver a María durante estos momentos de guerra espiritual. Pues muchas veces mientras sigo caminando, siento que hay solo muy pocos intercesores dedicados al frente de batalla. En muchas ocasiones he sentido que mi compañero de oración y yo somos los únicos orando. Así que perdóname Señor, por estos estúpidos pensamientos. En el Nombre de Tu Bendito Hijo, Jesucristo de Nazaret, te agradezco nuevamente, Mi Padre Celestial. Amen.

 

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